viva la vida, Frida
“Viva la vida” escribió Frida en una rodaja de sandía poco antes de morir. La vida como cara de la moneda, y la muerte como cruz. En el caso de Frida fue al revés. Su profundo dolor en vida fue su cruz y dió vida a su arte como reflejo de su cara oculta, culta, pura.
Escribió la frase sobre el último lienzo que firmó, en el que pintó sandías. La fruta veraniega, acuosa, refrescante como representación de la vida en su máxima celebración. Una invitación a comerte la vida a mordiscos, a que se te deshaga en el paladar, a vivir una vida que te hidrate, que te alimente, que te deje un buen sabor y saber de boca.
Frida celebra a una vida que la trató mal. Celebra una vida que vivió en parte desde su cama, pintando tumbada y viendo su reflejo en el espejo que colgaba sobre ella. La imagen del espejo se convertiría siempre en lienzo, en arte, en una representación de lo más profundo de sus pensamientos y sufrimientos. Su pintura como expresión de su libertad para reflejar su dolor y el infierno que vivió en la tierra. Por mucho tiempo que pasara en su cama, no pintaba sueños sino su realidad.
Cara y cruz, día y noche, color y dolor. La obra de Frida mostraba la convivencia, la co-existencia, pero también el contraste constante entre dualidades con su habilidad para usar los colores, los calores y los fríos de cada parte.
Ella como protagonista que se abre en canal desde una expresión carnal de su dolor. Una mujer agonizando que se muestra tal cual, que comparte su tormento mirándote a los ojos, o quizás mirando a la vida que la maltrata, mostrando resistencia y compostura ante su tortura.
Algunos dicen que la vida es un tren que solo pasa una vez. Para Frida, el primer tranvía que le fracturó el cuerpo y el alma volvió a pasar muchas otras veces en forma de infidelidades, abortos y amputaciones que no tuvieron viaje de vuelta.

